En una ocasión, Stallman comentó que en estos programas, al igual que en las recetas, es posible introducir un toque personal, mejorar la fórmula y dársela a probar a los familiares y amigos.
Luego, ellos decidirán si preparan el mismo plato en casa o le incorporan algún otro ingrediente. Esa es la gracia de las recetas de cocina y, por supuesto, del “software libre”.
La idea básica detrás de estos programas no es solo que el usuario lo usa sin pagar licencias, sino que también puede estudiar sus códigos fuente (instrucciones del programa), adaptarlos a sus necesidades y compartir los resultados. Es realmente una minga informática.
Este detalle lo hace más atractivo que el “software” propietario, es decir, aquellos programas a los cuales no es posible modificar el código fuente y que tienen un costo por licencia.
Abrir el código fuente es casi una herejía para quienes guardan la ‘receta’ bajo el colchón. Pero no para la comunidad “software libre” que comparte con cualquier usuario los secretos de estos programas que brindan resultados de calidad.
Pero el “software” libre no se limita a Linux; es solo la punta más visible. Son muchos los programas que tienen este perfil. Entre ellos está Firefox, la competencia directa del Internet Explorer, de Microsoft.
Este navegador, el nuevo éxito de internet, desarrollado por la Fundación Mozilla, integrada por una red de programadores voluntarios, como proyecto de ‘open source’ (código abierto, libre) tiene ya el 6,8 por ciento del mercado mundial. Paralelamente a este incremento, Explorer de Microsoft descendió por vez primera debajo del 90 por ciento, del 95 por ciento que tenía en junio del 2004 (datos de la consultora WebSideStory).
El “software libre” está en todas partes. Incluso para chatear está el Gaim, una herramienta, que permite conectarse a la vez con las cuentas de MSN, ICQ, Yahoo. Todos estos programas son compatibles con el sistema Windows y por eso llevan el nombre de GNUWin.